Cómo me ha condicionado la fobia social

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Tengo 30 años y si no recuerdo mal fue a los 21 cuando me diagnosticaron trastorno de ansiedad social. Fue un poco por casualidad. El diagnóstico digo. Que tenía un problema lo supe desde siempre. El motivo de ir a un psiquiatra en ese momento no fue tanto mi salud mental (que también, porque estaba deprimida) sino los cambios de carrera y el no saber qué hacer con mi vida. Y eso, ir al psiquiatra, era el trámite necesario para tener unas cuantas sesiones de terapia gratuita con una psicóloga. Aunque yo sabía que todo estaba relacionado y que necesitaba atender primero el problema de la fobia social.

Toda la vida he sido muy tímida. Algo que algunos familiares me señalaban continuamente como si fuera la peste, cuando en realidad yo no veía por qué era un problema. Después vi que efectivamente el problema no era la timidez, sino que me etiquetaran primero y que luego intentaran cambiarme. Con el tiempo se agravó, quizá precisamente por no aceptarme, por no permitirme ser yo, por no atender mis necesidades (de no tener que socializar tanto, de no someterme a un estrés innecesario teniendo que leer y exponer en clases a la fuerza, etc). También pienso que cuando uno tiene problemas (el ambiente de estrés y agresividad que había en mi casa) surge la ansiedad y esta tiene que salir por algún lado. En mi caso salió en forma de ansiedad social porque tengo esa predisposición. Pero podría haber salido de otra manera.

Alrededor de los 20 años y gracias a Internet (después de años de búsquedas sin respuesta) descubrí que lo que me pasaba era algo real que tenía nombre y le pasaba a más gente y de lo que había muy poca información… Tiempo después me lo diagnosticaron (gracias a mis explicaciones de lo que me pasaba, que perfectamente podría haber ocultado pero yo confiaba en que así podrían ayudarme y no simplemente etiquetarme). Sin embargo, durante la terapia no recibí ninguna atención enfocada en tratar o superar esto.

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Cómo me ha condicionado la fobia social

Como es lógico la fobia social me ha condicionado en todo: en la amistad, en el amor, en la profesión. Para casi todo hace falta relacionarse así que para mi la vida es una lucha constante en mayor o menor medida. En este artículo voy a compartir cómo me ha condicionado la fobia social, al menos a grandes rasgos.

Es difícil explicar el día a día con fobia social. Pero se puede resumir en incomprensión frecuente, impotencia, sensación de injusticia. No es fácil de explicar, no es fácil de reconocer y algunas veces donde hay una persona con ansiedad social sufriendo los demás ven, según el momento, a una persona tonta o aburrida o borde o antisocial o egoísta. Nada que ver con la realidad.

Eso, la dificultad de mostrarse siempre como uno es realmente y el sufrir las consecuencias (el trato injusto) de que te vean como alguien «defectuoso», es muy duro. Pero también lo es el no reconocimiento (en la práctica) de este trastorno y el desconocimiento incluso por parte de profesionales. El que se vea a menudo como simple timidez y sea tomado «a risa» o a la ligera.

A continuación, voy a tratar de transmitir muy a grandes rasgos cómo me ha condicionado la fobia social.

Cómo me ha condicionado la fobia social en el amor

Recuerdo la primera vez que un niño mostró su interés en mi. Un niño que me gustaba. Me perseguía pero yo me escondía una y otra vez hasta que él desapareció. Como es lógico, dejó de insistir pensando que me molestaba. Recuerdo esa sensación de impotencia con 6-7 años.

Volví a sentir esa terrible impotencia infinitas veces más, en el instituto y sobre todo en la Universidad.

Cómo me ha condicionado la fobia social en los estudios

En el colegio fui muy buena estudiante. Aunque con frecuencia estaba sometida a mucha presión por la fobia social en sí (y también en algunas épocas por unas circunstancias difíciles en casa que me hacían ir al colegio como si fuera un adulto triste y deprimido, no como una niña curiosa, alegre y con vitalidad, como yo era si me sentía bien), en general era aceptada y sobre todo muy reconocida por compañeros y profesores. Aún así desde siempre supe que el enorme miedo anticipatorio, el temblarme la voz casi cada vez que leía y el tratar de ocultar ese temblor leyendo muy bajo, algo por lo que encima era criticada, no era solo timidez.

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Con 13 años viví una experiencia de dos meses en otra ciudad y colegio donde apenas hablaba (era incapaz; mutismo selectivo quizá) y era consciente del rechazo de la mayoría, algo que además me hicieron saber algunas «compañeras» de allí vía Messenger cuando volví a mi ciudad.

Cuando llegó el momento me metí a ciencias y más tarde a ingeniería solo para tratar de evitar las intervenciones en clase ya que el sufrimiento y ansiedad que me producían eran enormes, no porque me gustasen más las ciencias.

Después preparé una oposición de cualificación inferior (de otra cosa y sin examen oral) que en un año aprobé con mucho esfuerzo, a pesar de que la idea de ese trabajo en concreto no me motivaba en absoluto.

Cómo me ha condicionado la fobia social en el trabajo

Lo pasé bastante mal después por el trabajo en sí, bastante duro para alguien sensible y por la incomprensión y el menosprecio de algunas personas. Porque cuando se tiene depresión y/o la fobia social pega más fuerte, la gente de alrededor actúa mal y hace daño. Esa es la realidad. Cuando una sale de la depresión y más o menos controla o sobrelleva la ansiedad social, entonces la gente se porta más o menos bien. No bien del todo pero no te consideran mala: te consideran tímida, desde su ignorancia se toman a la ligera tu sufrimiento y a veces te ningunean.

Afortunadamente después de un tiempo superé la depresión en la que estaba y también la fobia social dejó de ser tan fuerte. Así que a los dos años conseguí «ganarme el respeto» (aunque no considero que sea algo que haya que ganarse) de muchas personas al poder mostrarme como soy. Pero esa lucha constante es difícil de mantener y en cualquier caso es eso: una lucha constante. Si bajo la guardia, estoy demasiado cansada por culpa del insomnio, me paso con el café o dejo de tomar 5-HTP (un aminoácido natural que ayuda a producir serotonina, por lo que en algunos casos de depresión y ansiedad se nota algo de mejoría) o si sencillamente llega una etapa de más ansiedad social porque sí (porque esto funciona así, no hay explicación) de nuevo siento cómo vuelvo a caer.

Posteriormente pude cambiar de puesto y ahora tengo la suerte de estar más o menos bien (quitando esas caídas que comentaba y circunstancias que cualquiera que tenga fobia social sabe que siempre hay aún en el mejor de los casos – más o menos rigidez y tics, fuerte rubor facial y eritrofobia, ser consciente de ciertas miradas, risas disimuladas y algún que otro comentario inoportuno de los demás – sumado a las tareas estresantes del trabajo en sí como atender y hacer llamadas o leer delante de varias personas, esto último en mi caso actualmente una vez por semana, y el miedo anticipatorio ante ellas. Sin olvidar una insatisfacción personal y profesional que siempre está ahí.

Cómo me ha condicionado la fobia social en la búsqueda de sentido y propósito

En mi búsqueda de propósito y realización personal empecé este blog donde pongo el foco en la alta sensibilidad, la introversión, el autoconocimiento y el bienestar emocional.

Llevaba años con ganas de escribir sobre la fobia social. El primer artículo que publico sobre esto se llama «La fobia social empeora si no la aceptas«. Ignorarla, algo que yo hice más de una vez en cuanto mejoraba, solo me acabó perjudicando. Ahora no la temo ni la ignoro. La acepto. O lo intento. Porque cuando menos te lo esperas te encuentras tratando de controlarla y eliminarla… y eso es lo peor que se puede hacer.

Tengo presente también el valor de mis ideas y experiencias gracias a esto y la responsabilidad de compartirlas. De participar en su visibilización. De comunicar bien claro que lo peor no es la fobia social en sí, sino la incomprensión.

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Es importante compartir o al menos escribir y recordar los pequeños progresos que se tienen. Pero también las caídas (algo que hice hace unos días por primera vez en el grupo de AMTAES). Con mucho respeto hacia uno mismo, sin culpa ni vergüenza, y con humildad.

Lo que también es importante para mi es participar en su desestigmatización, educar en valores, transmitir que el respeto que des no tiene que ir en función de cómo sea el otro. El respeto no es algo que debiera tener que ganarse nadie, sino algo que toda persona merece.

La ignorancia de los demás nos perjudica a nosotros que ahora la padecemos. También a niños y adolescentes que la padecen (recuerdo lo inmensamente duro que era en esas etapas). Y a los siguientes seres humanos que vendrán al mundo con este trastorno o con esta predisposición a él. Si se puede curar algún día, genial. Pero hasta entonces tenemos que exigir el respeto que merecemos para que algún día sea algo que ya no haga falta exigir… Porque lo peor no es la fobia social en sí, sino el desconocimiento sobre ella y la incomprensión de los demás.

Gracias por leer.

Imágenes: Unsplash

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2 respuestas a “Cómo me ha condicionado la fobia social”

  1. El amor y la compañia y la cercania de personas que nos aprecian y nos quieren es lo que nos salva de nuestro dolor y momentos de desesperanza. Su bondad nos alimenta .

    1. Gracias por comentar. Llevaba tiempo postergando la revisión y edición de este artículo y tú me has dado las fuerzas indirectamente. He intentado expresar un poco mejor lo que quería expresar con este artículo (ya editado).

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