Cómo me ha condicionado la fobia social

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Tengo 30 años y he vivido con fobia social toda la vida. Los primeros 20 años sin saber que lo que me pasaba tenía un nombre. Me ha condicionado en todo: en la amistad, en el amor, en la profesión. Para casi todo hace falta relacionarse así que para mi la vida es una lucha constante en mayor o menor medida. En este artículo voy a compartir cómo me ha condicionado la fobia social, al menos a grandes rasgos.

Es difícil explicar el día a día con fobia social. Pero se puede resumir en incomprensión, impotencia, injusticia. No es fácil de explicar, no es fácil de reconocer y algunas veces donde hay una persona con ansiedad social sufriendo los demás ven, según el momento, a una persona tonta y aburrida o altiva y borde o antisocial y egoísta y hasta mala. Nada que ver con la realidad. Eso, la dificultad de mostrarse como uno es realmente y el sufrir las consecuencias (el trato injusto) de que te vean como alguien «defectuoso», es lo más duro.

Cómo me ha condicionado la fobia social

A continuación, voy a tratar de transmitir cómo me ha condicionado la fobia social. He intentado destacar algunos de los hechos principales para mostrar hasta qué punto condiciona, sin tampoco recrearme en el dolor que hay detrás. Aunque es imposible resumir todo lo importante en un artículo.

Cómo me ha condicionado la fobia social en el amor

Recuerdo la primera vez que un niño mostró su interés en mi. Un niño que me gustaba. Me perseguía pero yo me escondía una y otra vez hasta que él desapareció. Como es lógico, dejó de insistir pensando que me molestaba o bien se cansó. Recuerdo esa sensación de impotencia con 6-7 años.

Volví a sentir eso multiplicado muchas veces más.

Cómo me ha condicionado la fobia social en los estudios

En el colegio fui muy buena estudiante. Aunque estaba sometida a mucha presión por la fobia social en sí (y también por la alta sensibilidad y unas circunstancias difíciles en casa que algunas épocas me hacían ir al colegio como si fuera un adulto triste y deprimido, no como una niña con vitalidad), en general era aceptada y sobre todo muy reconocida por los profesores. Aún así desde siempre supe que el miedo constante, el temblarme la voz cada vez que leía o bien el tratar de ocultar ese temblor leyendo muy bajo no era solo timidez.

Con 13 años viví una experiencia de dos meses en otra ciudad y colegio donde no me hacían bullying pero apenas hablaba y era consciente del rechazo de la mayoría, algo que además me hicieron saber vía messenger algunas «compañeras» cuando me fui. Por lo que sé que mi infancia pudo haber sido mucho peor.

Me metí a ciencias y más tarde a ingeniería solo para evitar (o reducir) las intervenciones en clase ya que como he dicho el sufrimiento y ansiedad eran enormes.

Después preparé una oposición de cualificación inferior (de otra cosa y sin examen oral) que en un año aprobé. No es que fuese fácil. De hecho la preparación no es para nada coherente con el trabajo a realizar después y la mayoría tarda varios años en sacarla.

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Cómo me ha condicionado la fobia social en el trabajo

Lo pasé bastante mal después por el trabajo en sí, bastante duro para alguien sensible, y por el menosprecio de algunas personas. Aunque después de dos años conseguí «ganarme el respeto» de muchas al poder mostrarme como soy. Eso después de mucho esfuerzo y gracias a estar muy atenta. Pero esa lucha constante es difícil de mantener. Si bajo la guardia, estoy demasiado cansada, me paso con el café o dejo de tomar 5-HTP (un aminoácido natural que ayuda a producir serotonina, por lo que en algunos casos de depresión y ansiedad se nota algo de mejoría)… de nuevo la ansiedad social me gana la batalla.

Cambié de puesto y tengo la suerte de estar más o menos bien (quitando esas caídas que comentaba y momentos puntuales que cualquiera que tenga fobia social sabe que siempre hay aún en el mejor de los casos – ciertas miradas y risas, algún que otro comentario – y una insatisfacción personal y profesional que siempre está ahí).

Cómo me ha condicionado la fobia social en la búsqueda de sentido y propósito

En mi búsqueda de propósito y realización personal empecé este blog donde pongo el foco en la alta sensibilidad, la introversión, el autoconocimiento y el bienestar emocional.

Llevaba años con ganas de escribir sobre la fobia social. El primer artículo que publico sobre esto se llama «La fobia social empeora si no la aceptas«. Ignorarla, algo que yo hice más de una vez en cuanto mejoraba, solo me acabó perjudicando. Ahora no la temo ni la ignoro. La acepto. Y reconozco también el valor de mis ideas y experiencias gracias a esto y la responsabilidad de compartirlas. De participar en su visibilización. De comunicar bien claro que lo peor no es la fobia social en sí, sino la incomprensión.

Es importante compartir o al menos escribir y recordar los progresos que se tienen. Pero también las caídas (algo que hice hace unos días por primera vez en el grupo de AMTAES). Con mucho respeto hacia uno mismo, sin culpa ni vergüenza. Y lo que también es importante para mi es participar en su desestigmatización, educar en valores, transmitir que el respeto que des no tiene que ir en función de cómo sea el otro. El respeto no es algo que debiera tener que ganarse nadie, sino algo que toda persona merece.

La ignorancia de los demás nos perjudica a nosotros que ahora la padecemos. También a niños y adolescentes (recuerdo lo inmensamente duro que era en esas etapas). Y a los siguientes seres humanos que vendrán al mundo con fobia social. Si se puede curar algún día, genial. Pero hasta entonces tenemos que exigir el respeto que merecemos para que algún día sea algo que ya no haga falta exigir… Porque lo peor no es la fobia social en sí, sino la incomprensión.

Gracias por leer.

Imágenes: Unsplash

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