Ejercicio para perdonar

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Perdonar puede ser una de las cosas más difíciles de la vida. A menudo se confunde con restar importancia al propio sufrimiento y es por eso que solemos ser reacios a oír hablar de perdón. Pero lo cierto es que perdonar es una forma de sanación, y a menudo la única forma de sanar nuestras heridas, por lo que en este artículo te comparto un ejercicio para perdonar, además de mi visión sobre el perdón.

No importa el tiempo que dediquemos a conocernos y a ganar inteligencia emocional y autoestima. Si no cerramos las heridas seguiremos sintiendo que hay algo dentro que sigue sin funcionar. Y para cerrar completamente esas heridas, antes o después, es necesario perdonar. A veces, a los demás. Y otras, a nosotros mismos.

Esto implica recordar, remover la mierda… algo que no nos gusta nada pero que es parte del proceso de sanación. Por tanto si evitamos esta parte desagradable seguiremos estancados.

Desde mi experiencia, el perdón no tiene por qué ser algo que se consigue de una vez. Es una cuestión de niveles o capas. Y a medida que lo trabajas llega un momento en el que de verdad sientes que has perdonado.

Sin embargo, obligarse a perdonar antes de tiempo es contraproducente. Sí, creo que a veces estar rabiosa y enfadada no tiene nada de malo en absoluto e incluso es saludable. Dejemos de querer reprimir todo sentimiento «negativo» y escuchémonos y aceptémonos más… Porque todo sentimiento tiene su razón de ser.

Perdonar es necesario a la larga, sí. Pero eso no significa que tengas que forzarte cuando aún no estás preparada. De esto habla el artículo «Que nadie te obligue a perdonar» de La escritora de tu vida. Es un escrito muy personal y comparto totalmente su visión así que te recomiendo que lo leas.

Si consideras que estás preparada, puedes seguir los pasos del ejercicio para perdonar que te propongo a continuación. Tras hacerlo puedes sentirte liberada pero no haber perdonado completamente en realidad. O en cambio puede ser que ahora estés en ese punto del proceso en el que hacer esto te sirva para terminar de perdonar por completo. Sea cual sea el momento en el que te encuentres, acéptalo como lo que es: un paso más en tu proceso natural de superación.

Ejercicio para perdonar

Hay diferentes formas de trabajar el perdón. Aquí te comparto un ejercicio para perdonar que consiste en mantener una conversación (puede ser imaginaria) con esa persona que te hizo daño.

Puedes seguir los siguientes pasos:

  1. Expresa todo lo que piensas y sientes sobre lo que sucedió, lo que sentiste y lo que te hubiese gustado decir a la otra persona en su momento. No te dejes nada. También puedes decir lo que te hubiese gustado recibir por su parte: cómo desearías que hubiese actuado, qué necesitarías que te hubiera dicho… Todo esto hazlo desde el respeto. Aunque si necesitas empezar gritando e insultando (y no tienes delante a la persona), adelante.
  2. Acepta todo tal y como ocurrió. No fantasees con otras posibles opciones o vidas paralelas ideales. Lo que sucedió fue lo único que podía haber sucedido. Interioriza esa idea. Y de ello puedes aprender (sobre tus fortalezas y debilidades, sobre tus valores, sobre lo que quieres, sobre lo que no, sobre lo que necesitas trabajar…). Ten claro todo aquello que esa situación te ha permitido aprender.
  3. Agradece todo eso que has aprendido. También lo bueno que viviste si lo hubo, lo que diste y lo que recibiste, lo que enseñaste y lo que aprendiste. Agradece todo.
  4. Despídete. En el caso de una ruptura o de una relación de cualquier tipo con alguien que te dañó tanto que no quieres seguir manteniendo el contacto, deja partir a la otra persona. Y hazlo si es posible, desde la gratitud y siempre desde la paz interior, no desde el rencor. Si es a ti a quien intentas perdonar, cierra esa etapa de culpabilidad con compasión y amor hacia ti misma.

Igual al principio no consigues perdonar pero te sorprenderás de todo el rencor y la rabia que saldrá. Y que salga es necesario para que más adelante puedas perdonar.

Quizá necesites repetirlo cada cierto tiempo hasta llegar a perdonar completamente. Pero insiste.

Ser consciente de aquello que necesitarías perdonar y ponerle palabras ya es muy sanador.

De todas maneras, no te obligues. Encuentra el momento propicio. Quizá un día intentas perdonar y te sientes fría, desconectada. O quizá no eres capaz de profundizar lo suficiente porque duele demasiado. No te fuerces. Pero ten presente la importancia del perdón y, cuando te sientas preparada, date la oportunidad de encontrar ese día y momento adecuado en el que fluyes, recuerdas y sacas muchas cosas de dentro. No tengas miedo de llorar. Llorar es sanador.

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La importancia de perdonar y mi visión sobre el perdón

Ten en cuenta que si hay algo que nos cuesta tanto perdonar es porque ha tenido una gran influencia en nuestra vida (y la sigue teniendo aunque haya pasado mucho tiempo y no seamos conscientes de su impacto en la actualidad). Incluso puede estar limitándonos en muchos aspectos.

Además, significa que es lo que conocemos y que por tanto queramos o no tendremos la tendencia a repetirlo (ya sean errores pasados propios o de nuestro entorno más cercano). Así que es muy necesario perdonar no solo por nosotros mismos sino también para no perpetuar comportamientos dañinos que sufrirán y repetirán nuestros hijos.

Creo que mucha de la maldad y el rencor que hay se debe a una mala gestión de experiencias y asuntos pendientes que al no perdonarlos solo nos hacen más daño aún del que ya tuvimos que sufrir en su día.

Perdonar es una responsabilidad, tengamos hijos o no, porque nos relacionamos con otros y cómo estamos repercute en los que nos rodean.

El perdón tiene mucho que ver también con la empatía y con la humildad al comprender realmente que tanto nuestra genética como lo que vivimos desde pequeños (cómo nos han tratado, qué ejemplos hemos tenido) tiene mucha influencia en quienes somos ahora. Y por tanto si nosotros hubiésemos nacido con exactamente los mismos recursos y circunstancias que las personas que nos hirieron, habríamos actuado igual, por muy desagradable que nos resulte pensar esto.

Esto, quizá en algunos casos determinados podría parecer discutible… Pero lo cierto es que la infancia, la historia personal, las experiencias de vida, las circunstancias y por supuesto la genética, influyen en quiénes somos y en cómo actuamos.

Por lo cual creo que conviene ser compasivos y recordar que lo que podemos conocer realmente de cualquier otra persona que no sea uno mismo es realmente muy poco, así que siempre que podamos evitemos juzgar al otro. Con o sin razón, juzgar solo crea más maldad. Y con eso no estoy diciendo que no tengas derecho a criticar, hablar mal y desahogarte cuando te han herido realmente… Como he dicho, en un principio puede ser beneficioso y útil. Lo malo es que te quedes ahí, en ese estado de juicio y rencor que solo genera (y te genera) más dolor.

Ya para acabar… sé que es difícil esto de perdonar, sobre todo por la idea distorsionada que a veces se tiene de lo que implica el perdón. Pero espero que hayas comprendido que no se trata de excusar malas actuaciones sino de sanar, de superar para poder avanzar con el corazón sano y no lleno de rencor.

Y recuerda que el hecho de que tú perdones te beneficia a ti en primer lugar. Perdonar es necesario para que termines de sanar tus heridas (pero jamás lo hagas antes de tiempo o por obligación porque sería inútil e igual hasta contraproducente).

Gracias por leer.

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