Hay que hablar, hay que gritar

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«¡Hay que hablar, hay que gritar!» Eso me dijeron hace unas semanas en la oficina abierta donde trabajo. Debido a la época de vacaciones más falta de personal éramos muy pocas y mi silencio no pasaba desapercibido.

Además, con ninguna de las que estaban tengo mucha confianza. Aunque en realidad, si no hablaba ese día era porque estaba cansadísima. Había dormido menos aún de lo normal en mi cuando trabajo (que ya es poquísimo). Y encima me había levantado antes para hacerme un análisis de sangre. Así que podía haber respondido «es que estoy cansada». Pero no. Cómo iba a responder eso a los comentarios «¡hay que hablar, hay que gritar!», «es que nunca dices nada»… si están dando por hecho que siempre hablo igual de poco.

«¡Hay que hablar, hay que gritar!»

Tras escuchar esto el primer pensamientos que tuve fue «no tengo bastante con estar aquí haciendo este monótono trabajo cuando desearía estar durmiendo o al menos haciendo cualquier cosa sola y tranquila, que encima tengo que aguantar estos comentarios.»

Y otro pensamiento que tuve fue: «mi artículo Qué hacer si te dicen que hablas poco no sirve para nada». Aunque al instante pensé «es verdad que no es una solución milagrosa – tampoco pretende serlo – y quizá no está a la altura del título (puede parecer que te evitaré toda incomodidad cuando te critiquen por ser callado, o por cualquier otra cosa, y lo siento pero eso no existe). Pero también es verdad que doy buenas ideas. Otro tema es que cueste aplicarlas en el momento. Es difícil, requiere práctica.

El caso es que pensé «realmente ayuda mucho leer a personas que pasan por lo mismo». Además da perspectiva. Yo a estas alturas no me siento igual de afectada cuando me dicen algo gracias a tanto que sé sobre mi introversión y alta sensibilidad. Sin duda esto es gracias a esas personas que compartieron sus experiencias y empezaron a hablar y a escribir sobre estos temas (como en Introvert, Dear).

Así que no, mi artículo no es inútil; no es milagroso, no te va a evitar el 100% del malestar, pero ayuda. Como mínimo a sentirnos más comprendidos por otros a quienes les pasa lo mismo. Y en el mejor de los casos, aplicando las ideas (o inténtandolo hasta tenerlas integradas), sirve para afrontar mejor estas situaciones. Tanto internamente (para que no afecten tanto emocionalmente los comentarios ajenos) como externamente (para aprender a reaccionar respondiendo algo que resuma lo que piensas y sientes).

Qué podría haber dicho

En ese caso que describía hubiera podido decir «es que estoy muy cansada, normalmente duermo muy poco pero anoche dormí menos aún y encima el análisis de sangre me ha dejado súper débil… en cualquier caso soy más de hacer que de hablar.» 🙂

De esta manera estaría ayudándoles a comprender por qué estoy aún más callada de lo normal (restándole importancia al comentario de que nunca digo nada, que tampoco era verdad del todo). Y al mismo tiempo con esa última frase estaría defendiendo mi manera de ser (¡si la digo con orgullo, claro!)

Tan importante es una cosa (defender mi personalidad) como la otra (ser empática con los demás y asertiva expresando lo que opino).

Hay que hablar, hay que gritar… O no

«Hay que hablar, hay que gritar». Pues no estoy de acuerdo. Creo que al menos en general habría que hablar menos y callar más. Pero esa es solo mi opinión, mi preferencia personal, tan respetable como la tuya. Lo que no debería ser una opinión es la necesidad de respetar y dejar ser a cada uno como es. Dejar hablar al que quiera hablar, sea con voz fuerte o suave, como mejor prefiera o le nazca a cada uno, y callar al que quiera callar. Sin juicios.

La importancia de analizar en frío

Sin embargo, nos guste o no en la vida no siempre nos van a tratar de forma justa y con respeto. Por eso, una vez ha pasado una situación así (días o semanas después) conviene analizarla en frío y ver si hay algo útil que sacar.

¿Tiene parte de razón la otra persona? ¿Su comentario iba con buenas o con malas intenciones? ¿Hay algo que desearía haber respondido? ¿Por qué no lo hice?

En mi caso, no reaccioné como me hubiera gustado (me limité a decir «estoy bien») porque tiendo a estar algo «desconectada» de mi estado interior y mis necesidades. Eso por un lado. Y por el otro, tiendo a estar a la defensiva, a pensar que me están atacando (a veces ha sido así pero muchas otras veces, como en este caso, no) y que por tanto nada de lo que diga va a hacer que me entiendan. Solo el ser consciente de esto ya me parece súper útil.

Hacer esa reflexión en frío me parece realmente importante. Creo que puedes tomar consciencia de cosas que habías pasado por alto y aprender estrategias para futuras situaciones similares.

Conclusión

Para terminar quiero recordar no solo la importancia de la tolerancia y el respeto, sino también de la empatía, la asertividad a la hora de compartir lo que pensamos y cierta autocrítica también de vez en cuando.

Los demás pueden aprender mucho de nosotros (de nuestra profundidad y sensibilidad por ejemplo, y de nuestras ideas, si las compartimos cuando hay oportunidad) pero nosotros también podemos aprender mucho de los demás (al menos a veces).

No hay que meter en el mismo saco todas las ocasiones en las que nos dicen que hablamos poco porque las formas y las intenciones de unas personas y otras, así como quizá los motivos de nuestros silencios, no tienen nada que ver en absoluto.

Hay que hablar, hay que gritar, hay que callar, hay que observar, hay que escuchar… según lo que tú desees o necesites en cada momento. Pero recordando también que vivimos en sociedad y es lógico que necesitemos alcanzar un equilibrio entre ser coherentes con nuestra introversión y estar en el mundo.

Me encantaría leerte en los comentarios si has tenido experiencias similares. Toda idea o comentario constructivo es bien recibido.

Gracias por leer.

Imágenes: Unsplash

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6 respuestas a “Hay que hablar, hay que gritar”

  1. Hola Veronica,me a encantado tu articulo como todos los que escribes,mi opinion es que las personas PAS valemos mas por lo que callamos que por lo que hablamos,y muchas veces por eso nos llaman la atencion o nos discriminan y nos podemos sentir mal.
    Nos tienen que respetar y aceptar tal y como somos y hacernos respetar y valorar sin cambiar quienes somos,los PAS aceptamos a los demas y respetamos eso ya dice mucho de nosotr@s y el que no lo vea tiene un problema con sigo mismo.
    Ser honestos con nosotros mismos,que nos dicen ago de malas maneras o forma mi respuesta es simple sea cual sea la situacion: (en el trabajo)ENTIENDO LO QUE ME DICE,PERO NO VENGO HACER AMIGOS,SINO HACER BIEN MI TRABAJO Y REQUIERE CONCENTRACION PLENA EN LO AGO.
    (conversacion con amigo,familiar…)ENTIENDO LO QUE ME DICE Y LO RESPETO PERO NO LO COMPARTO . y me alejo tranquilamente con una sonrisa si no me siento agusto,no entro en conflicto ni doy opcion a que me ataquen vervalmente,mi bienestar esta por encima de tod@s y eso mejora mi autoestima y confianza en mi misma,aprender de las situaciones y de los errores nos hacen mas fuertes solo tenemos que saber usarlo para la proxima vez para que sea siempre a nuestro favor.
    Espero averos ayudado.
    Mucho animo a tod@.

    1. Gracias por escribir, Lucía!! Y por las ideas que nos has dado. Creo que pueden inspirar mucho. Como siempre recomiendo ser críticos con las ideas de otros, usarlas para inspirarse pero buscar fórmulas propias… Por ejemplo a mi por lo general lo de decir «no vengo a hacer amigos» no me gusta (pues quién no quiere un amigo… otra cosa es que viendo – o creyendo – que no son personas respetuosas con la introversión no nos parezcan potenciales amistades; pero decir en general que no se busca amigos da pie a que piensen que una es altiva y se cree superior o no valora la amistad). Personalmente prefiero la segunda fórmula que das. También me gusta lo de empezar diciendo «entiendo lo que me dice» porque eso muestra empatía.
      Sin duda se desprende que tienes seguridad a la hora de defender tu personalidad (y así proteger tu autoestima). Eso me alegra 😉
      Un saludo.

  2. Hola Verónica, me encanta leerte porque me siento tan identificada con lo que escribes que es como si las situaciones que vives te las hubiera contado yo antes. 🙂
    Ahora me encuentro en un proceso de muchos cambios, redescubriéndome, mi problema principal es que soy muy insegura e indecisa, y suelo cuestionarlo todo, por lo que acabo con unos cacaos mentales importantes!! Como no sé realmente que es lo que me sucede acabo teniendo un sentimiento de confusión enorme que sólo hace que me sienta aún más perdida. Como ves cada uno viene con su trabajo personal y bueno la verdad es que como tú dices está bien eso de encontrarte con personas que cuentan también sus experiencias y de alguna manera arrojan luz a las tuyas.
    Gracias por escribir. Un saludo!!

    1. Hola Luisa, muchas gracias a ti por comentar. Sé a lo que te refieres de que al leerme es como si las situaciones me las hubieras contado tú antes jajaja. Yo también me siento así cuando leo algunos artículos, de Introvert, Dear por ejemplo. Sobre la confusión como no das detalles no sé muy bien a qué te refieres pero es cierto que las personas que somos más analíticas y profundas a veces nos pasamos llegando a dudar por todo y rumiar demasiado… El primer paso es darse cuenta. Y el segundo forzarse un poquito a tomar acciones, a no pretender alcanzar la perfección… Hay que salir del bloqueo, de la confusión… No sé decirte más porque en lo profesional me encuentro igual de confusa. Hay que relativizar un poco también, aprender a fluir con la vida, disfrutar de lo que cada época nos da…
      Un saludo.

  3. ¡Qué tal!

    Me da mucho gusto leer este tipo de artículos (cabe mencionar que también sigo Introvert, Dear; ¡es un gran sitio!), que aunque no siempre me identifico al 100%, me resulta interesante ver cómo otras personas salen adelante con las dificultades que a veces implica la introversión, alta sensibilidad, ansiedad social, entre otras cosas. Un rasgo predominante en mí es la alta sensibilidad, y hasta hace algunos años los elementos que me generaban mayor conflicto eran la timidez y ansiedad social. Por esto es que mi experiencia en la universidad fue una pesadilla durante el segundo año, estaba esta clase que me aterraba donde me pasaban al pizarron constantemente para «divertirse» conmigo. Nunca le respondí al profesor por temor, mi mente se quedaba en blanco ante sus preguntas y mis compañeros nunca hicieron nada al respecto (tampoco es que quisieran meterse con el profesor solo por mí).

    Hoy en día, tras el análisis de esa y muchas otras experiencias, soy consciente de que la sociedad nos obliga constantemente a ser más habladores, a salir más, a tener mayor cantidad de amigos, y si no encajamos en ese «ideal» automáticamente piensan que hay algo mal con nosotros. Cualquiera que haya pasado por esto y/o haya leído un poco de la literatura que hay sobre introversión, puede identificar la tendencia que existe hacia el «ideal extrovertido».

    ¡Pero bueno! Para no enrollarme más, quisiera finalizar con esto que has escrito:

    «Quiero recordar no solo la importancia de la tolerancia y el respeto, sino también de la empatía, la asertividad a la hora de compartir lo que pensamos y cierta autocrítica también de vez en cuando.»

    Pienso que practicar la asertividad y la autocrítica juega un papel importantísimo a la hora de encontrar un equilibrio entre respetarnos a nosotros mismos y convivir lo mejor posible con los demás. Puede resultar difícil, y de que llevará tiempo, lo llevará… Pero poco a poco, a nuestro ritmo, las cosas más difíciles siempre se vuelven logros.

    ¡Paciencia y mucho amor para todos, chau!

    1. ¡Guau, Linett, muchas gracias por tu mensaje! Sobre la timidez y ansiedad social, el problema que veo yo es que intentan solucionarlo de la manera equivocada. Por más que te fuercen a hablar no se te va a quitar el miedo (más bien lo contrario). Habría que analizar de dónde viene (que en cada caso será algo totalmente diferente) y trabajar desde ahí. Por desgracia veo mucha ignorancia sobre esto y como bien dices se refleja en las clases (colegio, universidad…) y trabajos haciendo sufrir mucho a las personas que lo padecemos. No tanto por el problema en sí, sino por la incomprensión ajena.

      Sobre lo de la empatía y la autocrítica, como ya digo en el artículo, es necesaria pues nos guste o no vivimos en sociedad. Hay que ponerse también en el lugar de los demás, igual que queremos que se pongan ellos en el nuestro. No es cuestión de estar siempre a la defensiva. Hay personas buenas que sencillamente se preocupan genuinamente al ver que no hablamos (por ejemplo). Se trata también de que contribuyamos a que se respete la introversión, a que aprendamos a defendernos y que compartamos nuestras cualidades con el mundo, no que vayamos de víctimas.

      Un saludo 🙂

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