La falsa libertad de la mujer en la sociedad española

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En este artículo hablo sobre la falsa libertad de la mujer en la sociedad española y qué podríamos hacer TODOS para implicarnos más en la protección de los derechos de las mujeres.

También en otro artículo compartí algunas situaciones que he vivido de acoso sexual. Es un tema importante y delicado así que he decidido que cuando me ocurran situaciones desagradables de este tipo las compartiré junto a reflexiones que me surjan.

No está bajo nuestro control evitar que sucedan todas estas cosas porque son inesperadas. Pero sí quisiera que todas seamos más conscientes de nuestro estado interior para tratar de que a la mínima podamos reaccionar lo antes posible y así, cuando sí esté en nuestra mano, parar a tiempo esas situaciones que nos están incomodando.

La falsa libertad de la mujer en la sociedad española

Somos más libres que hace unos años, sí, pero no somos completamente libres. La definición de libertad es precisamente la «facultad y derecho de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad», lo que conlleva poder hacer lo que quieras de manera responsable (sin molestar a nadie) y sin miedo, cosa que no se cumple.

En este artículo voy a compartir dos ejemplos en los que creemos tener libertad pero esta no es del todo real.

Hay unos pocos temas que realmente son importantes en una sociedad y los políticos pierden el tiempo con problemas estúpidos cómo quién gobierna, quién ocupa un cargo determinado o quién se independiza. Qué más da eso. Hay cuestiones mucho más prioritarias… Hagan algo con lo que de verdad importa, joder.

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La falsa libertad de la mujer en la sociedad española para ir y estar sola en un lugar

Debería tener derecho a poder ir sola a cualquier lugar y a cualquier hora. Esto para la mayoría de las mujeres en España es una utopía (no quiero pensar en otros países) como consecuencia de las atrocidades que algunos malvados cometen.

En cualquier lugar corres el riesgo de que aparezca un hombre de la nada, que se acerque, que te hable, que te incomode porque te diga algo desagradable o por su sola presencia si estás sola en ese lugar. Como norma general ahí queda todo, en un mal rato. Esto es el pan de cada día de muchas mujeres.

Me pasó hace poco y esto me llevó a reflexionar sobre la falsa libertad que tenemos las mujeres.

En este caso, el hombre simplemente me habló (desconozco sus intenciones verdaderas). Eso sí, a pesar de mi seriedad era muy pesado y al darse en un lugar donde yo estaba sola me puso en una situación muy violenta. Yo era cortante y a pesar de eso seguía dándome conversación. Hasta que en un momento en que se alejó un poco cogí mis cosas y me fui.

¿Qué sentí después que debería haber hecho? Cortarle en seguida y descaradamente (teniendo en cuenta que no le bastaba con mostrarme fría y distante para entender que no quería hablar con él) con un «si no te importa… he venido para estar sola» o con algo aún más tajante si eso tampoco funcionase. Aunque eso no hubiera evitado que me hubiera sentido obligada a irme al poco tiempo, hubiese sentido que sé poner límites cuando hace falta.

Pero también es cierto que el miedo me impidió ser tan brusca.

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¡PINÉAME!

La falsa libertad de la mujer en la sociedad española para decidir cuándo te tocan y cuándo no

Otra cosa que me ha pasado hace unos días, en este caso con alguien de confianza, ha sido que invadiera mi espacio personal constantemente. Cada vez que lo hacía le decía que no me tocase. Y se lo tomaba a broma. Me generó muchísimo estrés.

Aunque suene fuerte me sentí abusada. Fue realmente muy desagradable y llevo días con ansiedad por culpa de esto. En esos momentos no me daba cuenta porque era alguien de confianza que «siempre se había portado muy bien conmigo». Pero al día siguiente, tras indagar en mi estado interior reconocí emociones de rabia, impotencia, vergüenza, culpa (por no haber sabido marcarle los límites) y por supuesto una sensación de sentirme asqueada.

Aunque tarde, encontré el motivo de mi malestar interior, reconocí estos sentimientos, los compartí con esa persona a través de un mensaje y tras darme cuenta de cuánto me había afectado decidí bloquearle y romper todo contacto.

Todavía sigo gestionando esos sentimientos. Aquí entran también la decepción por el aprecio que sentía por esta persona y por las cosas buenas que había hecho por mi. La ambigüedad con la que jugaba.

No es agradable pero sé que gestionar esto es lo mejor para mi a la larga.

Pudiera parecer (porque desgraciadamente suceden cosas mucho peores constantemente) que no es algo tan grave. Pero esa sensación de falta de control sobre quién toca el propio cuerpo no se la deseo a nadie. Y las consecuencias están siendo, como he dicho, que tengo mucha ansiedad y me siento fatal.

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Si pudiera retroceder en el tiempo, ¿qué habría hecho? Sin duda tras la primera vez que le dije que no me tocase y no me hizo caso, haberme alejado y haber roto todo contacto. Pero en el momento no resulta tan fácil reaccionar. Y si comparto estas cosas es también para que tú estés atenta por si te ocurre algo similar.

Resumen

Los sucesos que ocurren a diario en este mundo en el que vivimos (además del historial familiar y evolutivo que arrastramos) nos condicionan y nos obligan a nosotras las mujeres a necesitar estar alerta ante cualquier posible señal de peligro (y después de mi experiencia anterior, os recomiendo encarecidamente que estéis alerta, no solo con desconocidos).

Así que no. No somos libres porque esa necesidad constante de estar alerta (y la impotencia ante lo que pasa cuando bajas la guardia) es incompatible con ser libres aunque nos guste pensar que sí lo somos.

De este tema de la falsa libertad de la mujer en la sociedad española se podría hablar largo y tendido… He puesto dos ejemplos. Pero podríamos hablar también de la falsa libertad a la hora de elegir qué ropa me pongo (sabemos que tiene un coste social vestirte realmente como te de la gana y si no quieres que te estén mirando o diciendo cosas por la calle sabes que según qué cosas «no te las puedes poner»), si me maquillo o no, si tengo pareja o no, etc.

Ojalá algún día exista esa libertad real y no la falsa que tenemos ahora.

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Recomendaciones y/o peticiones

Por favor, si sois hombres no os acerquéis a una mujer sola (sin gente en los alrededores) para evitar asustarla. Algunas personas disfrutamos en soledad y no estamos deseando que os acerquéis a hablarnos, sino todo lo contrario (ya escribiré sobre la introversión). Y por supuesto acatad siempre los deseos de la mujer aunque no coincidan con los vuestros. «No es no» y punto. Ni bromas ni leches. Pero no solo está el no al sexo, también está el no a hablarme, a tocarme, a abrazarme…

Y a quienes tienen poder: investigad de qué manera acabar con esto. Mejorad la educación y la detección de señales anormales en los entornos educativos y laborales… Haced cambios en la publicidad, en la moda, en la cultura, en todo…

Estad más al tanto de esos viejos verdes en el trabajo de los que todo el mundo conoce historias de acoso pero nadie está atento de evitar que haya futuras víctimas.

En mi opinión dar la cara por otra persona puede ser más sencillo que reaccionar a tiempo una misma. Así que intentemos prestar más atención a lo que ocurre y ser más valientes.

Todos podemos actuar. Diciéndole a la nueva que tenga cuidado con tal persona. Interviniendo al escuchar un comentario inoportuno hacia otra persona. Etc.

Hay manipuladores y abusadores que andan sueltos y no es por alarmar pero a veces están mucho más cerca de lo que pensamos. Y también hay un machismo bestial que muchas veces da pie a esas situaciones de acoso y abuso que pasa desapercibido tantas veces.

Por lo que si me estás leyendo y eres mujer, te animo a dos cosas:

  1. En tu relación con otros hombres (conocidos o desconocidos) escucha siempre a tu intuición, que no se equivoca. Y si sientes algo raro aléjate de esa persona. No pases ni una. Aunque si algo sucede no es tu culpa, obviamente, sino de ellos, que a menudo se aprovechan de personas a las que (quizá, porque no siempre es así) les cuesta más estar presentes y poner límites. Así que por favor si eres una de ellas, estate bien atenta.
  2. Si has tenido experiencias de este tipo compártelas tú también. Hay que hacer mucho ruido para que las sociedades cambien. Y los cambios son muy lentos. Así que toda fuerza es poca.

Gracias por leer.

Imágenes: Unsplash

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