Qué hay detrás del enfado y la rabia

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A nadie le gustan las emociones de enfado, rabia o ira. Ni sentirlas ni ver a personas sintiéndolas. Pero lo cierto es que se trata de emociones naturales. Y eso es lo primero que quiero que quede claro ya que a veces se escucha que son emociones negativas y de eso nada, no existen las emociones buenas o malas, todas son neutras y todas existen para cumplir una función. El problema sería que no aparecieran cuando les corresponde o que se encauzaran de forma desproporcionada.

Para que aprendas a mirar más allá de ellas, en este artículo te voy a explicar qué hay detrás del enfado y la rabia: la importancia de expresar estas emociones, por qué aparecen y para qué sirven.

Qué hay detrás del enfado y la rabia

La importancia de expresar el enfado y la rabia

El enfado es sano, nos llena de energía y aparece para protegernos, para luchar y para poner límites cuando es necesario. Cuando no se expresa se va acumulando en forma de rabia (que es lo que puede provocar ataques de ira y de agresividad).

La rabia o ira, aunque justificada ya que no somos máquinas que podamos reprimir el enfado eternamente, no es saludable si se mantiene en el tiempo. Por lo tanto es importante evitar reprimir nuestro enfado.

Para prevenir la rabia conviene además prestar atención a las maneras de expresar las situaciones que provocan el enfado y al tipo de creencias que tenemos al respecto (algunas alimentan la rabia y otras sencillamente describen lo que nos gusta y lo que no).

Cuando ya ha aparecido la rabia, lo primero es expresarla en un entorno adecuado. A mi no me convence lo de gritar en una almohada porque se sigue oyendo… Prefiero dar puñetazos y patadas al aire. O sino a un cojín. También puede ayudar caminar deprisa o correr. Es cuestión de que busques ejercicios para expresar la rabia hasta encontrar los que te sirvan a ti.

A continuación, lo ideal es reflexionar sobre las causas del enfado.

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Qué hay detrás del enfado y la rabia: para qué sirven

El enfado es la manera de reaccionar a un ataque, ya sea percibido o real. Cuando nos enfadamos es porque nos hemos sentido tratados injustamente.

A veces estas emociones de enfado y rabia aparecen con las personas que más nos quieren y con las que más confianza tenemos, como los padres o la pareja.

Si no las ignoramos estas emociones pueden sernos muy útiles. Pueden servir para poner luz a las causas verdaderas de nuestro enfado.

Una buena pregunta para hacerse es: ¿por qué me he enfadado realmente?

Por mi experiencia, el motivo aparente es solo una excusa. Hay algo más detrás, un motivo más profundo.

Quizá guardamos rencor por algo del pasado y de vez en cuando sale en forma de malas contestaciones o ataques de furia (no cada día tenemos el mismo nivel de autocontrol y entonces cuando menos esperamos, explotamos).

Esto, cuando ocurre, sobre todo si somos de esas personas que tendemos a guardarnos todo, puede producirse de la peor de las maneras. No estamos acostumbrados a responder con asertividad, a mostrar desacuerdo o enfado sin encendernos. En vez de eso nos quedamos con esa mezcla entre enfado, frustración, impotencia y rabia. Por lo que no obtenemos la comprensión que desearíamos.

En otras ocasiones quizá simplemente sea una interpretación ineficaz de una determinada situación. Nos tomamos como algo personal lo que alguien, quizá una persona poco asertiva que acostumbra a decir las cosas de manera hiriente A TODO EL MUNDO y no solo a nosotros, nos dice.

En este caso conviene plantearse qué hay de útil en aquello que te ha hecho enfadarte (para así hacer una interpretación más eficaz de la situación). Qué hay de verdad en ese comentario hiriente o en esa manera borde de decir las cosas, si es que hay algo. A continuación, tratar de asimilar e integrar ese aprendizaje positivo y útil sacado de esa crítica (sea más o menos positiva). Y si no es posible, si simplemente no hay nada de utilidad que sacar de esa situación que haya provocado nuestro enfado, bueno, en ese caso no deberíamos preocuparnos más. No deberíamos hacer propio su problema. En relación a esto te recomiendo que leas el artículo Cuestiona lo que los demás piensen o digan de ti.

Tras ese análisis que nos permite llegar a conclusiones prácticas, el enfado se puede marchar porque ya ha cumplido con su función.

En cualquiera de los casos hay que tratar de no tomarse las cosas de manera personal (aunque es comprensible que lo hagamos en un principio hasta analizar posteriormente la situación). Las personas generalmente criticamos (de mejores o peores formas) actuaciones, actitudes, cosas concretas. No criticamos o no debiéramos criticar a la persona en su conjunto porque no se puede criticar lo que no se conoce. Solo podemos criticar lo que vemos o «lo que nos parece que algo o alguien es», que no significa que lo sea. Y sabemos que las personas somos mucho más que lo que vemos o percibimos (tanto exterior como interiormente).

Conclusión

El enfado sirve para darnos energía y poder reaccionar ante un ataque, ya sea real o percibido. Pero es necesario expresarlo (de manera adecuada eso sí) ya que si acostumbramos a reprimirlo éste se convierte en rabia.

Por tanto, lo primero que hay que hacer en esos momentos (o en cuanto nos sea posible) es sacar la rabia de alguna manera (a solas preferiblemente).

A continuación, lo mejor que puedes hacer es observar (y escribir por ejemplo) lo que hay en el fondo para después evaluar si hay algo que necesitas trabajar.

Quizá era rabia reprimida que necesitabas sacar, frustración (y cambios que necesitas hacer), rencor acumulado (y cosas que necesitas perdonar), falta de serenidad y paz interior (para lo que te iría bien meditar y hacer ejercicios como el yoga) o tu modo de interpretar cualquier crítica (de manera personal en vez de reconocer los aspectos concretos de la misma y analizar si te sirve o no).

O quizá incluso es un hábito que tienes: el de enfadarte por prácticamente todo (y sería algo a lo que por tu bienestar y por el de los demás deberías prestar atención para reaccionar de manera diferente la próxima vez y así poco a poco romper el hábito, o mejor dicho sustituirlo).

En cualquier caso, no menosprecies tu enfado. Está para darte información. No lo tapes ni te culpes por haberte enfadado. Simplemente encuentra la raíz y haz lo que te está pidiendo que hagas.

Gracias por leer.

Imágenes: Unsplash

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