Todo está bien aunque esté mal

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«Todo está bien aunque esté mal». Esta frase tan inspiradora junto al resto de la reflexión que compartió ayer OyeDeb en su Debsletter me removió todo por dentro hasta llorar. Opté por rendirme ante lo que sus palabras me estaban produciendo y acepté las sensaciones que estaba sintiendo.

Deb hablaba de aquello que más nos duele y que estamos toda la vida intentando cambiar, sin éxito, con la sensación de que no conseguimos «arreglarnos» a nosotras mismas. Habla de lo contraproducente que es eso, cuando de hecho lo que tenemos que hacer es aceptar ese algo que nos hace tanto daño.

¿Qué otra cosa tendría que hacer si no es ser quien soy y vivir lo que la vida trae, sin tratar de cambiar lo que no puedo cambiar?

Deborah Marín (OyeDeb)

Todo está bien aunque esté mal

Para mi ese algo que intento y no consigo arreglar es la ansiedad social. Hace un mes o así publiqué «La fobia social empeora si no la aceptas«. Creo que ese artículo tiene bastante que ver con esto. Aunque quizá la idea de aceptar parece que siempre va asociada a ser el primer paso de algo más. O sea, primero aceptar (la depresión, la ansiedad, lo que sea) pero esperando que después venga algo más: el desenlace exitoso, la superación del problema. Y claro, esto no siempre es posible. Y en cualquier caso el mero hecho de vivir con esa expectativa solo nos hace vivir obsesionados, preocupados, ansiosos… No… De lo que se trata es de aceptar tu sombra sin condiciones.

En mi caso, con la fobia social, no se trata de negarla o ignorarla pero tampoco de tratar de vencerla. Se trata de dejarla existir, de vivirla, de observarla. De limitarme a observar cuándo aparece, cómo me condiciona. Pero sin juzgarla. De tratarla con cariño a pesar de que sea como una amiga muy molesta e insoportable, ya que es eso, una amiga (que no se comporta adecuadamente) pero no una enemiga como pueda parecer. En definitiva, de aceptarla.

Que por primera vez en la vida el anhelo no sea que no esté. Sino aceptar que está y darle la bienvenida.

Todo esto no digo que me parezca fácil ni la solución para superarla. En absoluto. Pero ya que está claro que la solución no es resistirse a ella y tratar de vencerla por todos los medios, habrá que probar lo contrario: no resistirse. Para que así por lo menos cambiando la forma de interpretarla y vivirla , desde la aceptación y no la lucha, una parte del sufrimiento sea un poco menor.

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Debsletter de OyeDeb que me inspiró tanto

A continuación, te dejo parte de la Debsletter de OyeDeb que me inspiró tanto.

Sin duda ha sido la newsletter más reveladora que he recibido este año. Espero que te guste tanto como a mi (aunque que te remueva más o menos dependerá de tu momento actual). Y si quieres guardarte la frase del título en Pinterest, la tienes en este enlace.

♥♥♥

Todo está bien aunque esté mal

Hace unos días estaba haciendo un ejercicio de autorreflexión y me vino esta frase: “todo está bien aunque esté mal”. No le di importancia porque la encontré cursi pero al día siguiente, en una meditación, tuve una experiencia de comprensión alucinante que hizo que todo lo que sabía y creía que entendía, pero no era capaz de llegar a integrar y aplicar en el día a día de una forma natural, cayera a plomo en mi interior. Y no lo entendí con la mente, porque la mente siempre lo entiende todo muy rápido, sino que ahora lo vivo como una certeza inamovible, sin duda, sin cuestionarlo, sin un “sí, pero…”. Algo en mí ha cambiado y ha caído como una losa.

Todo está bien aunque esté mal y siempre lo ha estado, desde el principio hasta hoy. Es así. Es así y lo sé.

Ya no existe el “sí, pero…” que siempre hace tanto daño. La desconfianza, la duda, el “vale, pero no es para mí”, o el “claro, pero no es la vida real”. O en mi caso, era más bien el “no, las cosas están mal pero yo no me lo merezco y tengo que lograr cambiarlo porque yo puedo con todo y a mí todo me tiene que ir bien”.

Y con este punto de partida encaro mi nuevo ciclo, este “todo está bien aunque esté mal” que me libra de tanta batalla, de tanto arreglarlo todo, de tanto control, de tanta impotencia e injusticia.

Para ti, ¿qué es lo que está mal?

¿Qué idea llevas cargando todo este año, y probablemente toda la vida, que te impide ser quien realmente eres y vivir tu vida en consecuencia?

En sí la pregunta ya se las trae, porque probablemente se te ocurrirán muchísimas ideas. Pero habrá algunas que sean las que verdaderamente duelen, las que verdaderamente te mantienen en la infelicidad, en la frustración, en la dependencia, en la soledad, en el resentimiento… en lo que sea para ti.

Si no te viene nada en particular, observa tus últimos meses, y las situaciones de dolor o conflicto que hayas podido tener en ellos, y quizás puedas ver algún patrón. Algo que se repite, una y otra vez: una emoción, un pensamiento recurrente, una sensación. Algo que sabes que no eres tú realmente, pero parece que no te puedes librar de ello, vuelve una y otra vez por más que intentes autoengañarte o fingir que no te afecta. Porque te afecta. Para mal. Una y otra vez. Una y otra vez.

¿Lo encuentras?

Dale espacio a eso que está mal

No te voy a dar ningún ritual, ninguna quema de papelitos, ninguna vela, ninguna respuesta, ninguna misión, nada mágico. Solo te voy a pedir que le des espacio en ti. Sí, más. Mucho más. No apetece, pero es la vía.

Llévatelo contigo los próximos días, los próximos meses, y obsérvalo, explóralo, investígalo. Mira cómo lo vives, cómo te condiciona, cómo te limita, cómo te constriñe. Mira lo que haces cada vez que aparece, cada vez que asoma la pata. Mira cómo afecta a todas las áreas de tu vida. Mira cómo sale sin que te des cuenta siquiera, de tan integrado que lo tienes.

Y mantenlo vivo, dale tu energía, tu dedicación (sí, a eso que no te gusta, a eso que detestas, a eso que tanto duele, dale tu calor y tu presencia). Sin querer que se vaya, sin pensar en “cómo haré para que desaparezca” ni “cómo me odio cuando soy así”, ni “ojalá pudiera ser distinta”. Solo poniéndole luz a esa sombra, cada día un poco, toda la que puedas, sin exigirte nada. Sin ponerte más tareas. Una sola misión: estar con esta parte de ti, verla y acompañarla cada vez que salga.

A ver en qué momento, de tanta luz que le vas a poner, deja de haber sombra. No sabrás qué ha pasado, porque no hay un truco, no es una sola cosa, no es ninguna acción, ningún ejercicio.

Es estar ahí, con tu mierdecita, toda tú, dispuesta y abierta a verte. Día a día. Hasta que suceda. De la manera más inesperada, probablemente. Este año, el próximo, cuando llegue.

En eso consiste vivir conscientemente, creo. Estar aquí, contigo, alerta, persistente, observante y a la vez blanda, amable, cuidadosa y paciente.

♥♥♥

Gracias por leer.

Imágenes: Unsplash

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