Un día en el trabajo con fobia social

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En este artículo voy a compartir algunas reflexiones tras un día en el trabajo con fobia social. Es lo que escribí hace algunas semanas cuando volví al trabajo después de un tiempo yendo solo por las tardes, que es cuando había (por lo general) mayor tranquilidad. La idea del artículo me vino así pero en realidad es algo parecido a lo que podría haber escrito muchos de los días que trabajo.

Como verás, un día en el trabajo con fobia social implica vivir con ansiedad constante (claro, según las condiciones del trabajo), tener que estar alerta casi en todo momento (evitando o esquivando indirectas), percibir y sufrir con frecuencia la incomprensión de los demás, la frustración que conlleva saberte completamente fuera de lugar, los malentendidos y otras tantas cosas.

Un día en el trabajo con fobia social

Vuelta a los teléfonos que por momentos suenan sin parar. A la ansiedad ante cada llamada.

Un comentario que tardo en procesar. Pero una emoción que horas después, nada más volver a casa, me indica que hay algo que me ha herido. Ya no «solo» la ansiedad de las llamadas. Sino también ese comentario. Ese comentario de «una cosa es que no te guste subir a las juntas pero también para eso te pagan». Así, en segunda persona pero como hablando de otra cosa, con esa típica manera que algunos tienen de soltar «indirectas directas» ante los demás. Ese comentario de esa persona, una buena persona y con quien me llevo bien, que indica una cosa: incomprensión.

Por cierto, la junta es donde tengo que leer en voz alta unas 3-4 páginas delante de 4-6 personas. Algo que cualquier persona puede hacer sin demasiada dificultad. Una tortura para alguien con fobia social, como yo (aunque a veces gracias a ansiolíticos y otras soluciones me resulte más llevadero, entendiendo como llevadero el, con un gran esfuerzo antes y durante, no ahogarme ni temblarme demasiado la voz).

A mi, igual que al resto, me pagan por trabajar, no por sufrir una tortura. Y trabajar en un entorno así es una tortura casi cada día.

Sé que es difícil de entender

Sé que es difícil de entender desde fuera cuando a veces hablo con naturalidad, cuando me muestro simpática y tranquila. A veces porque realmente la ansiedad es menor. Porque hay personas que te producen menos fobia social que otras. Y también hay días que tienes menos fobia social que otros. Porque así funciona la fobia social.

Es difícil de entender que por dentro esté llena de ansiedad cuando atiendo las llamadas con amabilidad.

Es difícil de entender que en cambio en otros momentos reaccione con rigidez, rostro serio y esquivando la mirada. Sin explicación. Sin motivo. Aunque obviamente la ignorancia hace que los motivos se inventen: que si le habrá molestado que le dijera esto o aquello, que si le caigo mal, que si es borde, arrogante o prepotente. No, no es eso, es el efecto de la fobia social.

Incomprensión

Me han visto en varias ocasiones perder el control. Al temblarme la voz, al sonrojarme muchísimo. Y eso, en vez de hacerles entender mi sufrimiento y buscar una solución a nivel laboral, se ve con cierta burla o una pizca de compasión o sencillamente se ignora. Siempre con una idea de fondo de «lo que necesita es exponerse hasta perder el miedo» (cuando con este problema únicamente ir a trabajar o salir a la calle ya supone un gran esfuerzo). Y por supuesto se ve con total indiferencia a la hora de tomar acción y buscar una solución para que esa persona (yo o quien sea) no tenga que volver a sufrir tontamente.

Incluso sabiendo que existe este problema (lo han mencionado delante de mi) y que lo tengo, nada hacen. Y encima insinúan que si una parte de mi trabajo «no me gusta», que me aguante, que para eso me pagan.

Decir «no me gustan las juntas» es una llamada de atención, más que una queja, un «por favor que alguien me ayude». ¿Tan inteligente hay que ser para entender eso? ¿Tan poco sensible para ignorarlo?

Incomprensión, frustración, impotencia. Eso es lo que nos hacen sentir con frecuencia los demás. Y especialmente en el trabajo.

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La fobia social te podría haber tocado a ti

La fobia social o trastorno de ansiedad social existe y no solo eso, sino que le podría haber tocado a cualquiera. Podemos llamarlo ansiedad social para abreviar. Pero no hay que confundirlo con esa otra ansiedad social puntual que (casi) toooodo el mundo tiene de vez en cuando.

Tiene una parte enorme que no se ve de sufrimiento anticipado, ansiedad en montones de situaciones en las que parece que estás bien, con nudo en el estómago, en el pecho, más toda la frustración y rabia asociadas a la incomprensión. Todo eso pone en juego tu salud física y también mental, favoreciendo depresiones y otros problemas (por ejemplo adicciones a drogas o alcoholismo).

No es una cuestión de «falta de experiencias», más bien la falta de experiencias es el resultado. Como digo, la fobia social existe, y además es uno de los trastornos más incomprendidos del mundo.

Es un trastorno mental

En vez de verlo como lo que es, un trastorno mental que tenemos mucho coraje de afrontar día tras día, se nos pinta como personas inseguras y débiles de carácter. Un ejemplo, este título tan desafortunado de un artículo: «Ella se siente defectuosa y obsoleta. Sufre fobia social«. Es solo un ejemplo, quitando el título el artículo en sí tampoco está tan mal aunque al final tergiversa un poco las cosas.

Y no, no es una cuestión de autoestima, de seguridad, de sentirse defectuosa. Defectuosos me parecen quienes carecen de sensibilidad alguna con respecto a esta y otras tantas cosas.

Por la razón que sea (experiencias de vida, genética y’o ambas, lo cierto es que poco o nada se sabe a ciencia cierta sobre esto) hay en el inconsciente una asociación entre gente y miedo, lo que nos provoca reaccionar así. O sea, yo me puedo creer la más guapa y lista pero tener miedo a un monstruo, y, en este caso, el monstruo son casi todas las situaciones sociales.

Es igual que cuando tienes una fobia a un animal, que nadie se plantea que sea por tu debilidad o inseguridad, sino por algún trauma o aprendizaje (quizá sumado a una predisposición o alta sensibilidad) que ha provocado esa asociación entre ese animal y el miedo extremo.

Conclusión

Un día en el trabajo con fobia social puede ser realmente difícil, especialmente si hay demasiadas situaciones sociales que afrontar. Y sobre todo es difícil porque los demás aunque no tengan maldad sí tienen ignorancia infinita al respecto.

Vivir con fobia social es una lucha constante y por ello las demás personas, en vez de criticarnos o rechazarnos más o menos sutilmente haciéndonos sentir culpables por tener este problema que no hemos elegido y que también a ellos les podría haber tocado, tendrían que «hacernos un monumento» como se lo hacen al que… no sé, tiene un cáncer y lo afronta día tras día.

La sociedad, en vez de vernos como defectuosos y buscar causas y soluciones para todo, que se centre en empezar por ser más sensible, tolerante y flexible a la hora de respetar y atender las necesidades de todos, especialmente en colegios y trabajos.

Gracias por leer.

Imágenes: Unsplash

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